Corregir un texto con la ayuda de mi amiga la estilográfica

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Anoche, antes de acostarme, pasé a un cuaderno con mi pluma estilográfica el último relato corto que he escrito. Suelo tardar cinco o seis veces más en verter estos textos sobre el papel que en parirlos en el ordenador, aun cuando se supone que la creación es una tarea mucho más ardua que la del copista (y, por tanto, más lenta). Pese al esfuerzo, me merece la pena este proceso de amanuense, porque esa morosidad, esa lentitud fiscalizadora a la hora de volcar las palabras en el papel me abre pequeñas, diminutas ventanas de enmienda cuando el texto está aún demasiado “fresco”. No en vano, mi amiga la estilográfica hizo anoche cuatro o cinco cambios sutiles que han mejorado un poco el resultado final. Pongamos que ha pasado de un 4,5 a un 5. :–)

Es posible que un lector no distinga los cambios en caso de que pudiera leer el ANTES y el DESPUÉS de ese relato, pero a mí, dentro de su menudencia, dichas modificaciones me parecen importantes. Recordemos a Oscar Wilde: “Me pasé todo el día trabajando en las pruebas de uno de mis poemas. Por la mañana puse una coma y por la tarde la volví a quitar”.

Los pequeños detalles lingüísticos en los que no se fija casi nadie son los que muy a menudo logran levantar el nivel de la escritura y, por ende, de la literatura.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de estilo

Nota: La imagen está hecha con Copilot (IA)

Escribir con pluma estilográfica. Un placer a mano desde el siglo XIX

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